Durante mi primera semana en Nicaragua, he aprendido en muchos espacios, en las aulas de la Universidad Centroamericana donde asisto a mis clases de español y mi barrio donde trato de navegar en una ciudad donde las calles no tienen nombres, pero pienso que he aprendido al máximo en la cocina. Una de las primeras lecciones culturales que mi grupo recibió en el país era de nuestra director académica, Anita, quien nos dijo, “en Nicaragua, es arroz y frijoles para el desayuno, frijoles y arroz para el almuerzo, y gallo pinto para la cena.” Y es verdad que la presencia constante de arroz y frijoles en mi plato ha sido una de las primeras transiciones y más obvia de mi vida nueva aquí. Sin embargo, mi dieta aquí no consiste sólo de esta comida. La carne es el centro de la mayoria de la comida nicaragüense, y en mi primera semana, he comido cada tipo de carne que puedes imaginar – pollo de muchas variedades, pescados, bistecs y más. En la playa de Pochomil, tomé la sopa de marisco con congrejo, camarones, y, nuevo para mí, huevos de tortuga. También he comido muchos plátanos, algunas veces dulces y blandos, otras veces en la forma de tostones crujientes. Me gustan los refrescos que están servidos con casi cada comida, jugos frescos de muchos tipos de frutas, o algunas veces de las zanahorias con limón.

Para mí, la comida ha sido una manera importante de conectarme con mi familia anfitriona. En mi primer día en su casa, cuando estaba nerviosa por conocer a mi familia nueva en mi segundo idioma, encontré que hablar sobre la comida, era una manera simple y poderosa de conectarse con personas nuevas. “Me gusta la comida” no sólo es un frase que he conocido como decir estudio Español Uno en el séptimo grado, pero también una frase que me ayuda a comenzar conversaciones en la mesa de cena y mostrar apreciación para la familia que me ha invitado a su casa. Afortunadamente para mí, Doña Eva y su esposo Eric son muy simpáticos y comprensivos de mis errores constantes de la gramática. En su mesa, he aprendido sobre la cultura gastronómica de Nicaragua. La comida comienza con una oración de Doña Eva y termina cuando cada persona golpea la mesa para indicar que él o ella quiere estar disculpado/a. En el medio, aprendo cosas que no tiene ninguna conexión con la comida, palabras y expresiones nuevas e historias sobre la vida en Managua y en la Costa Atlántica donde mis padres nacieron. También relleno mi boca con la comida rica que cocina Doña Eva.

La mesa de cocina también ha sido un espacio interesante para tratar de explicar cosas que son diferentes sobre la comida, y la vida, de que estoy acostumbrada en los Estados Unidos. Una noche quería describir la comida que cocina mi madre al hogar, y me di cuenta que no sabía las palabras necesarias para describir la sopa de torta de Matzah. Después de explicar, con dificultad, las cualidades de las tortas, dije algo sobre esclavos andando en el desierto por cuarenta años y pienso que recibieron la idea. Todavía, hablar sobre comida es más que hablar sobre los sabores y las texturas. No podía comunicar como el sabor de la sopa me dio el sentido de la comodidad y las memorias, instantes de reuniones con mi familia. De la misma manera, será fácil describir el sabor del gallo pinto a mi familia en los Estados Unidos, pero será difícil comunicar el sentido de sentarme en la casa de Doña Eva y compartir la comida con su familia.

Doña Eva y Eric me dijeron sobre una sopa nicaragüense que parece semejante a la sopa de torta de Matzah, con tortas con base de maíz. Todavía no la he comido, pero estoy emocionada de tener esta comida y muchas más para probar.